lunes, 27 de marzo de 2017

Batman y Robin All-Stars

Frank Miller es muy amigo de presentar una visión distinta de los superhéroes. Con El Regreso del Señor de la Noche ya revolucionó al caballero murcielago en una historia brutal y memorable. Con All-Stars Batman y Robin, vuelve a la carga, dando una vuelta de tuerca a los superheroes clásicos para contarnos el origen de Dick Grayson como Robin.

El multimillonario playboy Bruce Wayne que mantiene una cruzada particular contra criminales y policías corruptos en Gotham, los elementos familiares del personaje siguen ahí. Dick Grayson es un muchacho de 12 años, hijo de trapecistas que actúa con sus padres en un circo ambulante. Tras el asesinato de los padres del chico, Batman le recoge, dispuesto a tenerle como pupilo e involucrarle en su cruzada personal. De fondo, multitud de nombres conocidos, desde los personajes habituales de Batman como Vicky Vale, Alfred o Jim Gordon, hasta los miembros de la liga de la justicia (Superman, Wonder Woman y Green Arrow) y otros superheroes como Black Canary, se involucrarán en la historia.

El dibujo de Jim Lee, de lo mejorcito, oiga...
Miller opta por un enfoque rudo, brutalmente violento y particularmente psicópata de Batman. El resto de personajes no sale mejor parado: un Superman presuntuoso y algo tontainas, un Green Arrow un poco sosainas y medio lelo, Wonder Woman feminista prepotente y androfóbica, Black Canary es una camarera que reparte leches sin escrúpulos... Una visión retorcida de los héroes clásicos cuanto menos polémica. Si Alan Moore nos presentó a unos héroes enmascarados como sociopatas en WatchMen, lo hizo sobre personajes propios inventados (inspirados en algunos personajes clásicos, ciertos, pero en definitiva, son personajes nuevos. Al hacerlo, es cierto que nos damos cuenta de que, si alguien decide disfrazarse y ponerse una máscara para machacar criminales, muy bien de la cabeza no puede estar. Pero al aplicar el mismo criterio sobre los personajes clásicos, rompe los estereotipos que tenemos forjados a través de los años y crea una imagen distorsionada de los mismos, distorsionando a su vez la visión que podemos tener del cómic. Y allí donde Alan Moore triunfa, Mark Miller hace aguas, al menos para mi gusto, intentando distorsionar la imagen de chicos buenos de los superheroes para convertirlos en psicópatas con código de conducta. No es un mal guión, ni un mal planteamiento, es simplemente que su visión distorsionada es demasiado retorcida para aplicarla sobre personajes tan trillados. Una advertencia que debéis tener presente si queréis acercaros al cómic sin llevaros sorpresas o desilusiones.

Dentro de lo psicópata del cómic, el enfrentamiento con Green Lantern es de lo más interesante...
El dibujo de Jim Lee es muy atractivo, la verdad, y su alianza con Miller es espectacular, aunque para pretender dar una visión de crudo realismo en cuanto a violencia y la psique de los personajes, abusa de voluptuosidad en las curvas y escotes femeninos.

Sí, amiguitos... Batman y Black Canary se lo montan después de apalear e incinerar vivos a los malos...
No puedo decir que me haya gustado. No es un mal título, se agradece el toque y la calidad inherente a dos grandes artistas como Miller y Lee, pero... la historia no tiene un sentido de historia, simplemente pasan cosas por que sí, muchos personajes son simplones a más no poder, el retrato de los héroes desagradará a los más puristas... Batman no es Batman. Es un desequilibrado que se viste de Batman, que se lo monta con Black Canary después de apalear e incinerar vivos a un grupo de delincuentes entre los restos humeantes, que salta sobre los criminales riéndose a carcajadas. Si pretendía asemejarle al Joker, debería aprender del monologo del payaso en La Broma Asesina (una vez más, Alan Moore hace las veces de maestro). Todo eso y mucho más hacen del cómic un titulo que no estará entre las joyas de la corona de mi colección. Una vuelta de tuerca curiosa, pero no un imprescindible. Aunque claro, es mi opinión...